exigencia positiva
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Los estilos educativos de los padres y la exigencia positiva

Todos sabemos que la conducta se aprende desde los primeros momentos de la vida, siendo los padres los mayores influyentes en el comportamiento de nuestros hijos, ya que somos el primer y más importante modelo a seguir. Está claro que, posteriormente intenvendrán más factores ❨escuela, iguales…❩, pero si conseguimos desde nuestro hogar sentar las bases desde una perspectiva conductual positiva y desde el respeto con una exigencia positiva, el camino será menos difícil…

Los niños, en un principio y de forma innata, actuan de forma impulsiva ❨¡simplemente son niños! ❩ y es por ello, que hay que enseñarles que existen límites y normas para poder desarrollarse de forma adaptativa y equilibrada.

No todos los padres adoptan la misma forma de enseñar a sus hijos estos límites y normas. El estilo educativo o de crianza de los padres ❨ las creencias, las actitudes, los valores, los hábitos de comportamiento que mantenemos con nuestros hijos al educarles ❩ influirá de forma significativa en el desarrollo emocional y conductual del niño.

Existen diferentes estilos educativos: autoritario, indiferente o evitativo, asertivo, sobreprotector y permisivo.
  • Autoritario:

Los padres ejercen un control máximo sobre sus hijos y un apoyo mínimo. Para ellos la educación significa cumplir estrictamente las normas y su deber es velar el cumplimiento de éstas a través de castigos constantes. No suelen tomar en cuenta los puntos de vista de sus hijos, no se les permite razonar sobre las normas.

A causa de ello, los niños llegan a tener comportamientos ansiosos, agresivos, sentimientos de culpa, hostilidad, elevada frustración, baja autoestima y autonomía personal, lo que se traduce en una dificultad para adaptarse a los cambios.

  • Indiferente o evitativo:

Los padres ejercen un control mínimo, con o sin apoyo. No ofrecen a sus hijos modelos de referencia e invierten poco tiempo en la formación de sus hijos.

Aquí hay muy poca implicación emocional y una falta de exigencia, con carencia de normas y seguimiento de la educación. Proyectan indiferencia hacia las actitudes y las conductas de sus hijos.

Esto acarrea unas consecuencias, entre ellas: niños con baja autoestima y autonomía, inestabilidad emocional, inconstancia, búsqueda de afecto fuera de la familia, reacciones agresivas y poco respetuosos con las normas.

  • Asertivo:

Son padres que brindan mucho afecto a sus hijos y van disminuyendo el control con la edad. Poseen una gran sensibilidad hacia las necesidades de sus hijos a través de la existencia de normas claras, pero las razonan con sus hijos y las dialogan.

Llevan un firme seguimiento de las normas previamente dialogadas y de la estimulación de la responsabilidad y la independencia de los niños.

Existe una relación abierta y bidireccional, puesto que ven a sus hijos como sujetos activos en el proceso de socialización y desarrollo. Esto da lugar al desarrollo de una gran autoestima, autoconcepto y creatividad, a que posean una elevada autoconfianza y seguridad en sí mismos, llegando a madurar emocionalmente y siendo capaces de tomar decisiones y relacionarse adapatativamente con los demás.

  • Sobreprotector:

Son padres con un elevado afecto y control. Intentan controlar la vida de sus hijos, pero sin las tradicionales normas disciplinarias. Se presentan como aliados, cumpliendo en seguida los deseos de sus hijos.

Este estilo educativo da lugar a que los niños adquieran un fuerte sentimiento de pertenencia, no fomentando el autocontrol, la independencia y la autorresponsabilidad.

  • Permisivo:

Brindan un elevado afecto y un control escaso. Piensan que sus hijos deben desarrollarse por sus propios medios. Como adultos, interfieren poco, sintiéndose poco responsables del desarrollo de sus hijos. El conocimiento y cumplimiento de las normas no es importante para ellos. De esta forma, los niños se expresan y comportan de la forma que ellos crean y como les apetezca. Son ellos mismos los que toman decisiones para las que aún no están preparados o no les competen. Suelen ser niños con poco control de impulsos, comportamientos inmaduros, baja competencia social, poca concentración y capacidad de esfuerzo.

Quien esté leyendo estas líneas, ahora pensará: «Y…entonces… ¿ Cuál es el estilo educativo mejor? «.

Pues, lo ideal para el desarrollo feliz y equilibrado de nuestros hijos… es educarlos bajo una exigencia positiva. Es decir, una educación basada en cuatro pilares fundamentales: elogios, exigencia moderada, tolerancia y corrección.
exigencia positiva pilares básicos
Pilares básicos de la Exigencia Positiva

A rasgos generales, educar con exigencia positiva significa:

Felicitar a tu hijo por su buen comportamiento. Si no se hace, probará la única cosa que sabe que funciona…portarse mal. Además, hay que mostrarse tolerantes con los fracasos y rápidos y generosos a la hora de dar elogios.

Crear una rutina a los niños: totalmente necesario, ya que, les facilita saber que va a pasar en cada momento y con ello, se les está dando recursos para adaptar su comportamiento a cada situación. Las cosas serán previsibles para ellos y tendrán la oportunidad de prepararse para lo que viene y sentirse implicados en la manera en que va pasando el día. Con rutinas, el niño hace más veces lo correcto, provocan menos problemas y reciben más felicitaciones. También deben haber rutinas en la alimentación y sueño, ya que sus cambios de humor no serán debidos al cansancio o al hambre.

¿Qué ocurre cuando un niño no tiene rutinas claras? ¿Os habéis fijado? Por norma general, son niños que se sienten inseguros y a la expectativa. Pueden reaccionar mal y tener rabietas a cada cambio nuevo. Esto ocurre porque mentalmente, al no tener rutinas, no están preparados, no tienen ninguna referencia respecto a lo que toca hacer e intentarán imponer su voluntad.

Establecer normas claras, realistas y coherentes: Adaptadas a la edad y capacidad del niño. Los padres deben preguntarse: «¿Está preparado mi hijo, por edad y madurez evolutiva, para asumir lo que le pido?». «¿Le he informado de lo que espero de él?», «¿Le he informado de cómo tiene que comportarse en esa situación y por qué?»

Una vez los padres tienen claro qué van a exigir a su hijo, tienen que informarle y razonar con él, el motivo de esa norma. Siempre de forma serena, con frases breves y claras, mientras se les mira a los ojos ❨simplemente, para asegurarse de que está escuchando❩.

Cuanto más pequeño sea el niño hay que recordarle más fecuentemente las normas e inmediatamente antes del comportamiento deseado. Después se vigilará el cumplimiento: en un principio, seguramente haya que acompañarlo en el cumplimiento de la norma y recordársela, pero, poco a poco la conseguirá incorporar a su rutina.

Se le felicitará por cumplirla o por intentarlo. Con ello, se conseguirá que lo incluya en su repertorio conductual.

Saber dar una orden de forma efectiva: Para lograrlo, será necesario:

1º⇢ Acercarse al niño y no hablarle desde la otra parte de la casa o desde la distancia.

2º⇢ Mirarle a los ojos mientras le hablamos, para cercionarnos de que está escuchando.

3º⇢ Evitar dar órdenes seguidas ❨dar una orden, que la cumpla, felicitarle y darle la siguiente❩.

4º ⇢ Felicitarle de forma inmediata por el cumplimiento de la orden.

Evitar que el niño mande: Es mejor darle dos opciones y no dejar que se desvíe más allá de las dos. De este modo, lo que estamos haciendo es brindarle, por un lado, la oportunidad de pensar entre 2 opciones y, por otro, la oportunidad de decidir. Al tolerar la frustración por no poder elegir nada más que entre esas 2 opciones, el niño tendrá una experiencia de control y responsabilidad sobre sus decisiones.

Aquí, señalaré, que el hecho de elegir entre 2 opciones, es conveniente hacerlo antes de que el niño tenga 8 años, debido a su capacidad de atención y gestión de la información ❨todavía es limitada❩ y para desarrollar su autoconcepto.

Sería correcto: «Cuando te pongas las zapatillas, podrás ir al parque» (mandan los padres❩ y de lo que sería incorrecto: «Si te pones las zapatillas, podrás ir al parque» ❨manda el niño❩.

Enseñarle a esperar: Aquí hay que señalar que cuanto más pequeño sea el niño o mayores dificultades de autocontrol tenga, menor tiene que ser el tiempo de espera.

Se trata de educar en el esfuerzo, perseverancia y voluntad y la forma de hacerlo es enseñarles a aprender a esperar aquello que quieren o a recibirlo a cambio de aportar algo. Así que, frente a una petición del niño tipo: «¿Quiero ponerme esta camiseta!» sería adaptativo contestar: «¡Estupendo! Hoy te pones la que ha escogido mami y mañana la que has escogido tú».

Si al niño le cuesta esperar tanto tiempo, podremos decirle: «De acuerdo. Si guardas los juguetes en el cajón, tendrás el privilegio de ponerte hoy la camiseta que tanto te gusta». De esta forma, el adulto le está dejando claro al niño, que él es el que manda, pero que tiene en cuenta sus peticiones, siempre y cuando se esfuerce por cumplir con lo que se le pide. De esta manera, los padres estarán consiguiendo que el niño aprenda a esforzarse.

Hablar al niño de forma positiva: Hablarle en primera persona y comunicarle lo que no queremos y no nos gusta del otro, pero siempre de forma positiva, centrándose en las soluciones. Es decir, en vez de, por ejemplo, decirle: «¡No me lo puedo creer, un día que recoges en 2ª persona los juguetes!», de forma positiva, le diríamos: » Me ❨en 1ª persona❩ gusta que regojas los juguetes». Al hablarle al niño en segunda persona, estamos haciendo referencia a algo que no nos gusta de él. Con ello, sólo conseguiremos que perciba el mensaje como una crítica, se pondrá a la defensiva y estaremos creando las condiciones idóneas para crear una discusión.

Sin embargo, cuando le hablamos en primera persona, estamos expresando nuestro malestar, sin provocar que el niño se sienta atacado. Al contrario, se sentirá valorado, satisfecho y bien consigo mismo y con nosotros. Será más probable que tenga en cuenta nuestras peticiones de cambio.

Otra cuestión muy importante, es NO poner etiquetas para referirnos a aspectos que no nos gustan. Por ejemplo, decirle: «Eres un llorón». Y, menos aún repetirlas continuamente, ya que al final el niño asumirá que es así y actuará en consecuencia. Es una forma de decirles que no nos gustan ellos y, se trata de decir que no nos gusta su comportamiento…

¿ Cuántas veces hemos oído decir frases de este tipo? Yo particularmente, infinidad de veces… y es algo que yo creo que los padres que las utilizan, no son realmente conscientes de lo peligroso que es hacerlo, ya que, si se dicen de forma habitual pueden llegar a dejar huella en la autoestima de un niño ❨avergonzar, ridiculizar, culpabilizar❩.

La alternativa a poner etiquetas, en este caso, sería: «No me gusta que llores cada vez que te recuerdo…. «Me preocupa que llores…»

Enseñar a hablar de emociones y pensar en soluciones: desde muy pequeños es conveniente dotarles vocabulario emocional para que puedan expresar sus emociones sin recurrir a la agresión. Además, se les estará enseñando a desviar su atención del problema ❨lo que les disgusta o hace que se sientan mal❩ hacia las soluciones ❨ lo que pueden hacer❩. Les enseñamos otra opción para demostrar el malestar de una forma adaptativa. Ejemplo de esto sería frente a una rabieta decirle:«Estás enfadado porque mami no te da la galleta» o frente a una situación de alegría decirle: » Estás contento porque mami te ha regalado un …».

Por supuesto , para reforzar este aprendizaje, los padres deben hacer de modelo y utilizar mensajes verbales que acompañen a la expresión no verbal de sus emociones:«Estoy contenta porque llega el viernes y es fin de semana». Al hablar en primera persona haciendo referencia a nuestras emociones, nos resulta más fácil encontrar soluciones a lo que nos preocupa.

Corregir sin atacar: Hay que aprender a ser tolerantes con los niños y adolescentes cuando cometan errores en los nuevos aprendizajes y saberles acompañar y corregir de manera que se sientan motivados para seguir avanzando.

Aprender a poner consecuencias: coherentes y relacionadas al mal comportamiento o al incumplimiento de una obligación.

Simplemente es porque el niño tiene que aprender a anticipar las consecuencias de los actos. Aquí, algo muy importante es que los padres deben reaccionar de la misma manera: un primer aviso, explicando al niño lo que ha hecho mal y/o lo que esperamos de él. Un segundo aviso, si persevera, avisarle ya de la consecuencia que seguirá si continua el mal comportamiento o negándose a cumplir una obligación. No se trata de «castigarle», se trata de aplicar una consecuencia, por ejemplo: » Si continuas gritando te llevaré a tu habitación a pensar». Y, por último, si persiste… un tercer aviso, aplicar la consecuencia. Siempre de forma inmediata y breve.

Como he comentado al principio, esto sería una explicación a rasgos generales de educar mediante la exigencia positiva para que podáis, con esta información, reflexionar sobre los estilos educativos y sobre algunas creencias erróneas que solemos percibir a diario a nuestro alrededor.

Recordad… los niños, no se educan solos…

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4 comentarios

  1. Esther, mucha suerte en esta nueva iniciativa. Desde luego, esta publicación sobre la educación es muy acertada para poner en práctica. Muchas veces nos hace falta que nos den pautas tan concretas como las que tú has definido. Gracias. Tendrás éxito, seguro.
    Ánimo!